Después de los 50, el sueño se vuelve un visitante caprichoso. Te despiertas con calambres en las piernas, la boca seca como papel de lija, las articulaciones rígidas que protestan al primer movimiento. Das vueltas en la cama, cuentas ovejas, pero el descanso profundo no llega. Y esa fatiga se acumula, día tras día, convirtiendo el cuerpo en un lastre.
Pero hay un gesto tan sencillo que cuesta creer que funcione: un vasito de agua tibia con una pizca de sal marina o del Himalaya antes de dormir. No es magia, es fisiología. La sal sin refinar conserva más de ochenta minerales que el cuerpo necesita para mantener el equilibrio electrolítico, relajar el músculo e hidratar las células en profundidad. La sal de mesa común, refinada y blanca, no sirve. Esa es solo sodio y aditivos. La buena, la viva, es otra historia.
Receta Base: El Agua Mineral Nocturna
Ingredientes: 1 vaso de agua tibia (200 ml, ni fría ni hirviendo), una pizca generosa pero pequeña de sal marina sin refinar o sal rosa del Himalaya (aproximadamente ⅛ de cucharadita, lo que coges con dos dedos), y opcional, unas gotas de limón fresco para mejorar el sabor y aportar vitamina C.
Preparación: Disuelve bien la sal en el agua tibia removiendo unos segundos. Bebe despacio, a sorbos, entre 20 y 30 minutos antes de acostarte.
Tres Variaciones para Necesidades Específicas
1. Versión Relajante Muscular (con Magnesio Extra)

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