Cuando mi vecina Doña Carmen me llamó emocionada para contarme que había encontrado un video donde afirmaban que "un ingrediente" tomado antes de dormir curaba el dolor de huesos, la diabetes, la ansiedad, la depresión y el estreñimiento, sentí que algo no cuadraba. "Es la sal", me dijo convincentemente. Y así comenzó nuestra larga conversación sobre cómo los remedios milagrosos suelen esconder medias verdades que, a la larga, pueden hacernos más mal que bien.
La verdad sobre la sal y sus verdaderos beneficios
La sal es mucho más que ese polvo blanco que usamos para sazonar la comida. Es cloruro de sodio, un mineral esencial para la vida. El sodio que contiene es fundamental para la transmisión nerviosa, la contracción muscular y el equilibrio hídrico de nuestro cuerpo. Una cantidad adecuada de sal en la dieta ayuda a mantener estable la presión arterial y el buen funcionamiento de las células y los órganos.
Sin embargo, atribuirle la capacidad de curar enfermedades tan complejas como la diabetes o la depresión es, cuando menos, irresponsable. La sal no regula el azúcar en sangre, ni actúa como antidepresivo ni elimina la ansiedad por sí sola. Lo que sí hace, cuando se consume con prudencia, es contribuir al bienestar general dentro de una dieta equilibrada.
Los peligros de un consumo inadecuado
El exceso de sal es uno de los mayores enemigos de la salud cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud recomienda consumir menos de 5 gramos al día (una cucharadita). Exceder esta cantidad se asocia con hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y problemas renales.
Además, tomar sal en ayunas o antes de acostarse sin supervisión médica puede ser contraproducente para personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca o enfermedades renales. El sodio retiene líquidos, lo que por la noche puede provocar hinchazón de piernas al despertar y aumento de la presión arterial.

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