Chuyển đến nội dung chính

El médico más antiguo de Japón: Cómo corregir la postura de la cabeza adelantada después de los 60 en solo 4 minutos

 

Han pasado los años y uno comienza a notar cómo el cuerpo, ese fiel compañero de batallas, empieza a adoptar posturas que antes le eran ajenas. Me sorprendí un día al verme de refilón en el escaparate de una tienda: mi cabeza se proyectaba hacia delante como si intentara llegar a algún sitio antes que el resto de mi cuerpo. Los hombros, caídos; la espalda, encorvada. Parecía que cargara con el peso de todas las décadas vividas justo en la base del cuello. No era dolor todavía, pero sí una molestia sorda, una rigidez matutina que me recordaba que algo no estaba bien.

Fue entonces cuando recordé la sabiduría de un médico japonés cuyo nombre se pierde en la memoria, pero cuyo consejo práctico resonó con la fuerza de la tradición ancestral: corregir la postura no requiere horas interminables de gimnasio, sino constancia y movimientos precisos. Me habló de una rutina breve, de apenas cuatro minutos, diseñada especialmente para quienes hemos superado los sesenta y nuestra musculatura ya no responde con la prontitud de la juventud, pero sí con la sabiduría de quien sabe escuchar a su cuerpo.

La clave, según aquella filosofía, no está en forzar, sino en alinear. Cada mañana, antes de que el bullicio del día nuble la conciencia corporal, dedico esos escasos minutos a devolver mi cabeza a su lugar. De pie, con la espalda contra la pared, siento que mis talones, mis glúteos y mis omóplatos buscan el contacto firme con la superficie. Luego, el ejercicio más revelador: llevo la barbilla hacia atrás, como si quisiera ocultarla, sintiendo cómo se estira la nuca y las vértebras cervicales se recolocan suavemente . No es un gesto violento, sino una caricia consciente a esa columna que tantas horas ha pasado inclinada sobre libros o pantallas.

Completo la rutina con aperturas de pecho, juntando las manos detrás de la espalda y separando los hombros del eje de las orejas . En apenas cuatro minutos, el milagro sucede: la respiración se profundiza, la mirada se eleva y el mundo se ve desde una perspectiva más erguida. No es magia, es fisiología. Es entender que, incluso después de los sesenta, el cuerpo agradece que le recordemos cómo habitar el espacio con dignidad. Esa pequeña inversión diaria me ha devuelto no solo una mejor postura, sino una sensación de ligereza que creía perdida para siempre.

Nhận xét